MICHAEL DONHAUSER Y HANNES BREUSTEDT /  AGENCIA DPA

NUEVA YORK/WASHINGTON.- Durante la campaña electoral Donald Trump declaró la guerra a las “elites corruptas” de Wall Street y dijo que con él iban a temblar. Sin embargo, ahora el sector financiero se frota las manos y aflora el recuerdo de un “big bang”, la gran desregulación financiera que se vivió con Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Trump prometió acabar con el “sistema manipulado”, en referencia a las estrechas conexiones entre la política que se ejerce en Washington y las afiladas garras del mundo financiero, pero tras la campaña electoral ya no se escuchan aquellas frases populistas. En lugar de ello, el futuro presidente de Estados Unidos se ha rodeado de nombres conocidos de Wall Street y alienta así esperanzas en la bolsa de una nueva desregulación de los mercados financieros. En campaña, Trump llegó incluso a flirtear con exigencias radicales de destruir los grandes bancos, y de volver a introducir la “Glass-Steagall Act”, la ley con la que en 1933 se metió en vereda a la industria financiera estadounidense tras la Gran Depresión. Sin embargo, ahora todo gira en torno a la cuestión de cuánto flexibilizará la dura regulación que la administración del presidente Barack Obama impuso en respuesta a la crisis de 2008. Trump ya ha anunciado que va a desmontar el paquete de reformas de Obama, la “Dodd-Frank Act”. Y la esperanza de una menor regulación, unida a la perspectiva de un programa de crecimiento financiado con deuda pública, provocó una breve euforia en los mercados financieros.

Entre los grandes ganadores en los mercados de valores de Estados Unidos figuraban los títulos asociados al mundo de las finanzas y la banca. Las acciones de Goldman Sachs subieron en una cifra de dos dígitos. Y eso que Trump señaló a ese banco y al inversor George Soros durante la campaña como parte de la “máquina de corrupción” que él iba a detener. Y cómo se ha dado vuelta la tortilla, ahora Steven Mnuchin, que trabajó para Goldman Sachs y Soros, se perfila como el candidato con más posibilidades de convertirse en el secretario del Tesoro de la gestión de Trump, según los círculos financieros neoyorquinos. Como banquero y gestor de fondos de inversión de alto riesgo, Mnuchin, jefe de finanzas de la campaña, encarna todo lo que Trump tanto desdeña de la élite financiera.

El blog de Wall Street “Dealbreaker” comentaba que Trump recurre a una persona que justo defiende las “estructuras de poder globales” que él presuntamente quiere combatir. Además de Mnuchin también se baraja el nombre de un persona todavía más controvertida, el de Jamie Dimon, presidente de JPMorgan. Durante el debate sobre reformas tras la crisis financiera Dimon se convirtió en uno de los portavoces contra la excesiva regulación. En estas circunstancias se da un curioso paralelismo. Hace menos de seis meses, después de que los británicos conmocionaran al mundo con su voto a favor del “Brexit”, los estadounidenses eligen a Trump. Ello ha conducido a que se disparen las fantasías en los bastiones de las finanzas a uno y otro lado del Atlántico sobre un posible camino despejado para volver a revivir el antiguo eje de la banca de inversión entre los polos financieros de Londres y Nueva York.